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Las otras caras de la crisis hospitalaria

10/Ene/2019 | Por: Mtro. Roberto Valencia | robertovalenciaaguirre@gmail.com


Así como el huachicoleo era administrado por los mismos gobernantes, la crisis de hospitales fue la suma del saqueo de los gobernantes tabasqueños y de la complicidad de múltiples actores. Los medios han dado amplia cobertura a la crisis del sector público, pero ninguno se ha preguntado qué sucedió con el resto de la infraestructura hospitalaria.

Huachicoleo médico

Un espectáculo poco decoroso de la tragedia lo ofrecieron los médicos y hospitales privados. Durante la crisis no sólo se mostraron indiferentes sino abiertamente insolidarios con el dolor y la emergencia del pueblo. Secciones enteras de los hospitales privados de renombre, lucían vacías, quirófanos de primera tecnología, consultorios con aire acondicionado; prefirieron no abrir sus puertas, ofrecer sus servicios de otro modo o abaratarlos y solidarizarse con la emergencia, o presentar planes más accesibles para la población.

Huachicoleros (traficantes) de la salud, acumularon sus bienes, esperando mejores tiempos para volver a obtener jugosas ganancias. No les importó la salud de la población, sino el punto de equilibrio financiero, sus costos, sus inversiones.

Divismo hipocrático

La ausencia de responsabilidad ética y conciencia social, fue más grave en un rostro muy común entre los galenos tabasqueños: El divismo. El lado menos humano, el del mercenario de la salud, el que traiciona el juramento hipocrático.

La parvada de cuervos de bata blanca, cobran honorarios equivalentes a 100 dólares la consulta (que no dura ni una hora), haciéndose esperar largos ratos, para recetar medicamentos de patente incosteables para los familiares. Sus secretarias con rostro enjuto, atadas a sus celulares, negándose a sonreír pasan sus facturas advirtiendo que no sirve la ‘terminal’ y que los pagos son sólo en efectivo. Para ellos pedir factura o recibo de honorarios es un insulto que merece ser tratado con desdén y hacerlo esperar otra hora.

Un cateterismo de diálisis es implantado por $25 mil pesos, consiguiendo el paciente todos los implementos, sólo si lo pagas por adelantado y en efectivo. De lo contrario tu paciente se muere. Sin contar con los gastos de hospitalización, enfermeros, internista, anestesista, ultrasonido, radiografías, traslados, análisis. Los electrocardiogramas, mastografías o tomografías sin consulta ronda el equivalente a 150 dólares.

Las aseguradoras y la red de farmacias mucho han contribuido a inflar los costos de los servicios médicos y tras ellos existe también un velo oscuro de intereses económicos. En redes sociales afirman que doña Martha Lilia es propietaria de las farmacias Guadalajara ¿Fake?



Los diputados deberían exigir al SAT y al gobierno del Estado investigar y establecer mecanismos de vigilancia para evitar que este rostro vergonzoso e inmoral de la medicina anide en nuestros hospitales y se enquiste haciendo que vuelva a colapsar todo el sistema. En el fondo, la enfermedad de nuestros sistema de salud, se llama ambición.

Nuestros legisladores deberían conformar una comisión de ética médica integrada por ciudadanos para exigir a estas clínicas y médicos huachicoleros, que entren en cintura y reflexionen para qué estudiaron medicina. En un Estado en crisis hospitalaria es un insulto que los médicos de alto nivel estén más preocupados por pagar sus adeudos por el estilo de vida que desean ostentar: el súper coche, el súper club, la súper residencia, los súper lujos, a costa del dolor de cientos de enfermos y el sufrimiento de los familiares.

Ese estilo de vida está manchado de sangre humana.

El Estado debería imponer a las clínicas particulares y a los médicos una ‘cuota de responsabilidad social’ para autorizar sus servicios, ofreciendo un número delimitado de consultas gratuitas o de bajo costo a sus usuarios de manera permanente.

El sistema de salud se derrumbó por completo y perdió la oportunidad de promover la solidaridad humana, la donación de órganos, campañas de prevención de enfermedades y conductas de riesgo, etc.

Sí existen, si bien son menos, los médicos que en medio de la crisis se solidarizaron con sus pacientes, ofreciendo paquetes, obsequiando medicamentos de muestras médicas, rebajas, plazos u otros mecanismos de solidaridad. Pocas clínicas comprendieron la dimensión de la tragedia y tuvieron misericordia de los agobiados enfermos. Además del afecto de los pacientes, reciben el reconocimiento y generosidad de sus familiares. Son los de menos renombre.

Habrá que recordarles a los huachicoleros de la medicina que la suya es una profesión, cuyo fundamento es el amor al género humano, el altruismo, el desinterés.

Cuánta falta les hace a nuestros médicos recordar que la vocación y el fundamento de la medicina, es ante todo HUMANA.

Las clínicas privadas que tradicionalmente lucran con las enfermedades cobran hasta por el estacionamiento. ¿Quién pone hasta un hasta aquí a los servicios médicos y hospitalarios SOBREVALORADOS?

Todas las clínicas públicas y privadas deben reflexionar sobre su código de ética. El pueblo de Tabasco debe saber que las clínicas que ostentan nombres de santos, fe, ángeles, cruces, vírgenes, son mero marketing que compiten entre sí, para atraer a sus clientes, dado que no miran a sus usuarios como pacientes (seres humanos con dolor) sino como CLIENTES (seres humanos con dinero). Estas clínicas deben reformular sus códigos de ética y con sinceridad transformar sus nombres, dejando en claro lo que realmente ofrecen: venta de gasas, venta de sueros, venta de inyecciones, renta de quirófanos… renta de médicos, etc.

El negocio consiste en que el enfermo adquiera los consumibles de su hospital, con facturas impagables. El mejor enfermo es el que sigue en el hospital, no al que sana y se le da de alta. Compiten en retener al enfermo en su lucrativo negocio, lo más que se pueda. El manejo emocional del miedo al dolor y a la muerte, y el amor de los familiares a su paciente, es manipulado grotescamente. No importa la salud del enfermo, ni el desgaste económico de la familia, ni el daño que ocasionan a la sociedad. Es un negocio perfecto.

Corrupción hasta en las tumbas.

El rostro más lamentable de este huachicoleo tabasqueño de la medicina finalmente lo ofrecen las salas de terapia intensiva y de urgencias. Es un secreto a voces que los médicos, enfermeros y hasta los ¡vigilantes! de los hospitales están al acecho del paciente terminal para dar aviso a las funerarias carroñeras que ofrecen alrededor de dos mil pesos de comisión por ataúd vendido a quien dé aviso de un inmediato deceso.

Los directivos de hospitales deben revisar los “descansos” o morgues donde colocan los cadáveres de sus pacientes y los protocolos de atención a los familiares. Algunos francamente terroríficos sin aire acondicionado y llenos de plagas, son el escenario final, la cola de este espiral de indolencia donde la dignidad humana es ninguneada hasta en el último adiós.

Esos mismos rostros son los que nos juzgarán el día final “¿Caín que hiciste con tu hermano?”

Arturo Núñez, Martha Lilia y sus funcionarios deben ser enjuiciados con el rigor de las mismas leyes que enjuiciaron a Granier, por tanta corrupción y dolor infringido a los tabasqueños. Lo mismo los secretarios de salud, educación y finanzas. Señalados con el dedo flamígero de la corrupción y el desprecio del pueblo, se ganaron a pulso un lugar VIP en las mazmorras de los dantescos círculos infernales. No hace falta que la iglesia los excomulgue, de facto la conciencia popular los ha condenado.

Pero de nada nos sirve llenar las cárceles si antes como tabasqueños no miramos las estructuras podridas que hemos creado y que ahora se revierten contra nosotros convirtiéndose en nuestra propia tumba.

Los que pasamos con familiares enfermos durante este período hemos visto desde abajo y desde la penumbra, el despojo de los bienes públicos y la humillación a toda dignidad humana.

No servirá de mucho que se abran las puertas del IMSS para atender las emergencias a todos los pacientes, incluso sin ser derechohabientes; si nuestros médicos huachicoleros no cambian de actitud.



Volvamos a la excelsa vocación de la medicina

Este 11 de febrero el Papa Francisco abrirá la XXVII jornada mundial del enfermo, cuyo lema es ‘Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin cobrar’ (Mt10,8). Sus reflexiones caen como balde de agua fría a los médicos y hospitales huachicoleros pues habla de la GRATUIDAD: ‘en respuesta a la lógica del beneficio a toda costa, del dar para recibir, de la explotación que no mira a las personas’. Pone en el centro LA CONCIENCIA del profesional de la medicina que ‘no debería de caer en la trampa de anteponer los intereses de su empresa, sino más bien en proteger el cuidado de la persona en lugar del beneficio’. Francisco propone a la madre Teresa de Calcuta, como modelo de caridad que hizo visible ‘el amor de Dios por los pobres y los enfermos’.

Dos décadas perdió Tabasco en infraestructura hospitalaria pero perdió dos generaciones de médicos con valores. ¿Las nuevas generaciones a punto de egresar están contaminadas de este huachuicoleo o tienen sólidas bases éticas? ¿Tenemos esperanza que los jóvenes médicos que vienen son generosos y no ambiciosos, solidarios y con espíritu humanista? Dios quiera que así sean, de lo contrario, veremos nuevamente esta tragedia en cinco años y medio.

Francisco nos dice que el ‘cuidado de los enfermos requiere profesionalidad y ternura’ pues la vida es un DON DE DIOS, por lo que no debemos ceder a la ‘tentación de la manipulación del árbol de la vida’. Finalmente nos invita a sentir alegría en dar sin esperar en recibir, aprender a ser generoso, aprender de la alegría del servicio desinteresado.

Ese es el camino para salir de la crisis hospitalaria.

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