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‘La posición de la Mujer’

09/Ago/2018 | Por: Mtro. Roberto Valencia | robertovalenciaaguirre@gmail.com


Es triste ver en todo el país el aumento de feminicidios. Una situación compleja por lo que toca a la vida de cualquier ser humano. Son asesinadas con crueldad y bajo patologías insospechadas de enfermedades mentales que volverían loco al mismo Freud. La sociedad mexicana es machista y discriminatoria a grados letales. Rinde honores al poder fálico, autoritario, proveedor de bienes y servicios, gandalla, fantoche, padrotero; por otra parte reprocha lo débil, lo sensible, lo servicial, lo necesitado, lo mal dicho “femenino”, lo “chingado”. Octavio Paz lo retrató fielmente en la “los hijos de la malinche”: “Lo chingado es lo pasivo, abierto, inerte, por oposición a lo que chinga, que es activo, agresivo y cerrado... El chingón es el macho, el que abre. La chingada, la hembra, la pasividad pura”. Los mexicanos hijos de la Malinche, necesitamos de “máscaras” para cargar con siglos de vergüenza hacia la mujer. Somos incapaces de ser congruentes con lo que sentimos y hacemos. Por una parte cantamos a la mujer con una pasión tridentina y por otra la dejamos morir en los pastizales y a las orillas de la carretera, sin recato.

El conflicto está presente desde los cimientos de nuestra cultura occidental. En ningún otro lugar es tan patente que en el cristianismo primitivo. Las comunidades lidereadas por Pablo de Tarso dieron inicialmente un lugar preponderante a las mujeres como vemos en la carta a la comunidad de Galicia, la más auténtica declaración de igualdad de los cristianos “Porque todos al bautizarse, se revistieron de Cristo Jesús. Ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón y hembra, pues todos ustedes son UNO, mediante Jesús, el Mesías” (Gal 3, 27) y remata “para ser libres nos liberó Cristo” (Gal 5,1).

No hay duda, Pablo trató a las mujeres como sus colaboradoras, sus colegas, horizontalmente. Los saludos a las mujeres al final de la carta a los romanos (Rom 16,1) dan noticia de la actividad femenina en el acontecimiento que partió la historia de la humanidad. FEBE, a la que se llama diaconisa, es decir, dirigente de una comunidad doméstica, “hermana… denle una recibida digna de los santos porque ha sido protectora de muchos, incluso de mí mismo”. JUNIA llamada “ilustre entre los apóstoles”. Pablo reconoce que “incluso fue cristiana antes que yo” (Rom 16,7). En griego no existe la palabra “apóstola”, en cambio encontramos “synergoi”, colaboradora. No queda duda que son mujeres que “trabajan duro” por el Evangelio (1 Tes 5,12, Rom 16, 6.12).

En la carta a los filipenses encontramos a EVODIA y SINTIQUE, que en el mismo plano de igualdad que Pablo “lucharon por el evangelio” (Flp 4, 2) y cuyos nombres están “inscritos en el libro de la vida”. Tan fuerte es su liderazgo que Pablo les exhorta a la concordia para evitar división y discusiones al interior de la comunidad. Encontramos también a PRISCA esposa de Aquila en cuya casa probablemente se congregaban en Efeso (Rom 16,6.12, 1 Cor 16,19, Hech 18,2). Se entiende que al ser mencionada en primer lugar que su esposo, pone en evidencia el liderazgo de esta mujer como misionera y fundadora de esa comunidad doméstica. Pero también hallamos profetizas y ministros, colaboradoras de la misión de Cristo igual que Pablo.

Corinto es el lugar donde despuntan los conflictos contra las mujeres. Se les impone el velo, se les somete a la autoridad del varón, pero Pablo teólogo al fin, encuentra una manera espiritual de presentarlo a la comunidad “el hombre es la cabeza de la mujer, Cristo es la cabeza del varón” (1 Cor 11,10), mujeres obedezcan a sus maridos, maridos amen a sus mujeres como Cristo amó a su Iglesia (Ef 5, 21-25).

El antifeminismo judío avanzó al grado de prohibir a las mujeres HABLAR en la comunidad “la mujer debe guardar silencio en la iglesia” ¿Es posible mantener estos dichos por ejemplo frente al ayate de la virgen guadalupana que HABLA con inmensa ternura a un indígena? El antifeminismo ganó terreno en las llamadas cartas pastorales y así encontramos que se impone a la comunidad “la mujer que escuche la enseñanza, quieta y con docilidad. A la mujer no le consiento enseñar ni imponerse al marido” (1 Tim 2,11).

El caso se convierte en una absurda polémica con María MAGDALENA. Es presentada por los evangelios sinópticos (MT,MC,LC) como una DIRIGENTE entre las mujeres galileas. Juan la quita en su evangelio al pie de la cruz y coloca a María, la madre de Jesús. Aunque es cierto que para Juan la Magdalena es la “architestiga de la resurrección” incluso después de esta experiencia privilegiada, es nombrada “apóstol de los apóstoles”.

De prostituta a Santa, la Magdalena tiene su propia fiesta COMO UNA MÁS DE LOS DOCE, según decreto papal del 10 de junio de 2016. Es venerada como “Santa María Magdalena Apóstol de los Apóstoles” y su fiesta es el 22 de julio de cada año.

El Papa Francisco tiene una visión muy clara del papel de la mujer. Escandalizó a algunos cuando declaró que “María es más que los apóstoles”. Si, más que el Papa. Porque es la madre de Jesús. Además expresó que ninguna decisión debería tomarse en ninguna parroquia sin considerar al menos la opinión de una mujer. Les da un papel preponderante en la catequesis, como portadoras del Evangelio y de ser los fundamentos de la iglesia doméstica.

Resulta desconcertante que ministros jóvenes en diversas iglesias, promuevan una involución del papel de las mujeres, prohibiéndoles participar en la vida litúrgica imponiendo todo tipo de obstáculos morales. El maltrato y la misoginia también son pecados contra la iglesia, más aún si éstos vienen de sus propios ministros, de quienes se espera recibir consuelo y paz. Contradicen lo que predican de una iglesia “madre y maestra”. Cientos de mujeres han migrado a otras iglesias, debido al mal trato y la exclusión de sus propios ministros de culto. Es increíble que no superemos la tesis medieval, que afirmaba que el diablo es mujer y vive en las sacristías.

En ninguna parte del Evangelio Jesús maltrata, excluye o hace sentir mal a mujer alguna. En las asambleas es abrumadoramente mayoritaria la participación de las mujeres. Es claro que la iglesia debe plantearse esquemas más creativos de participación del sacerdocio dado en el bautismo a todo creyente. Así como la vida religiosa femenina ha sido fertilizante para la fe en comunidades donde los sacerdotes no alcanzan. La iglesia podría abrir camino al servicio pastoral a mujeres consagradas, que amplíen su servicio a la predicación y a la enseñanza del evangelio.

Tal vez si valoramos en nuestras instituciones más sólidas a las mujeres, colaboraremos para reconocer lo que Jesús le descubrió a la samaritana “si conocieras el don de Dios…”. Cuánta falta nos hace orar en profundidad ese diálogo mistagógico de Jesús frente al pozo de Jacob. Todos descubriríamos ese don y con ello, ayudaríamos a evitar indirectamente más feminicidios.

Mtro. Roberto Valencia
Filósofo y Teólogo
www.parroquiadesanmarcos.com

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