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El liderazgo de Andrés Manuel López Obrador y la habilidad de aterrizar las expectativas de la nueva administración pública

10/Jul/2018 | Por: Faustino Torres | ftorres_1@hotmail.com


La semana pasada estimado lector, escribimos sobre algunas premisas para entender y aprovechar el envión democrático y generar las condiciones para transitar de la euforia democrática de la elección a la acción. Me resulta positivamente extraordinario que sean los críticos más álgidos a las ideas del virtual nuevo gobierno, quienes coadyuven a esta tarea de acción democrática, pues así resultará legitimado el ejercicio y el avance de la democracia en México.

Sin embargo, me resulta fundamental que los críticos estén en verdad a la altura de entender, procesar, analizar y proyectar lo que nuestro país necesita. Creo que los críticos deben descontaminarse de tantos años de guerra sucia y centrar su crítica en la plenitud de las intenciones, las acciones y los resultados. Quienes hoy son impacientes, simplemente no entienden y no entenderán la magnitud de la oportunidad de cambio que tenemos; quienes antes criticaban ferozmente las propuestas y hoy exigen que las cumpla a rajatabla porque “lo prometió”, simplemente sus intereses están en ver fracasar una vez más a nuestro país y privilegian su fiscalización para proclamar que cualquier éxito será individual y el fracaso será público. Muy al estilo neoliberal socializan el fracaso y se reparten individualmente el éxito.

Entro en materia sobre algunos temas específicos:

1. No habrá más “gasolinazos”. Sostenido, prometido en el discurso y en la práctica. Porque es importante lo que en teoría monetaria se conoce como “estabilidad de precios”, principalmente porque da certidumbre, porque permite planear, ver al futuro. Si algo ha logrado AMLO en estos primeros días al triunfo de la elección es dar certidumbre, local, estatal, regional, nacional e internacional. Que quede claro, en ajuste inflacionario es solo eso, un incremento nominal, no real.

En el mediano plazo, si se logra mayor recaudación, producción nacional (con la puesta a punto de refinerías existentes y la construcción de nueva(s)), podría ser más agresiva la política y bajar los precios, sobretodo en ajustes impositivos (ahí está la clave). Me parece sumamente responsable este manejo. Finalmente fue en los últimos años (en este sexenio) con el precio del petróleo sumamente bajo donde se pudo y se debió bajar los precios de las gasolinas según la lógica del mercado, ahora con un petróleo subiendo de precio, mantenerla en términos reales, logrará que en México tengamos gasolina más barata que en el resto del mundo.

2. Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). Sigo pensando que esa “faraónica” obra, no debió ser y que en un país con tantas necesidades sociales, pero también de infraestructura, debió ocupar ese dinero para otros proyectos. Si el gobierno entrante revalora al tiempo en que tome protesta el 1 de diciembre y sigue siendo viable su cancelación, estaré totalmente de acuerdo; pero también me parece responsable que si es demasiado el dinero ya invertido (hábilmente a eso jugaron el gobierno actual y los que tienen negocio ahí) y se sale de la realidad su posible cancelación por la pérdida que significa se debe revalorar la decisión. Es un escenario de viabilidad técnica y económica.

Estoy totalmente convencido que en ese proyecto puede haber ahorros importantes y un nuevo “balanceo” de los recursos y riesgos de lo público y lo privado. Asimismo se deben transparentar y hacer más eficientes los recursos ahí invertidos.

¿Por qué opino sobre estos temas? Porque aquellos férreos críticos de propuestas como la de cancelar el NAICM, aquellos que querían tener ese aeropuerto de “primer mundo”, ahora exigen el cumplimiento de la propuesta de campaña y la cancelación del mismo. Veo fanáticos irracionales diciendo cosas como:

“Yo no voté por AMLO, no me gustan sus propuestas, no las entiendo, no estoy de acuerdo con ellas, creo que su necedad nos va a llevar a la ruina, pero exijo por todos los medios que cumpla”

Resulta interesante que aquellos, que acusaban la polarización del país, hoy se nieguen a ver un Andrés Manuel moderado, escuchando, estrechando manos, dando certidumbre, tomando la Agenda Nacional y moderando y aterrizando las expectativas. Tal parece que están empeñados en pasar de la polarización política, a la polarización social y al radicalismo económico.

Quienes no nos dejamos contaminar por la guerra sucia, sabemos que no seremos Venezuela, que habrá responsabilidad y seriedad en el manejo de las finanzas públicas (este gobierno recibirá el país más endeudado en casi 30 años). También sabemos que se privilegiará la política social, sin afectar intereses nacionales, que no habrá un dispendio, sino que el mismo gobierno entrante responsablemente sujetó su política social a los ahorros provenientes de la corrupción y la disminución del gasto corriente (política fiscal).

A los que creemos, deseamos y trabajamos para que este país cambie, sí nos hace sentido, de que en vez de que los funcionarios y políticas ganen millones y se roben otro tanto, mejor se utilice ese dinero en educación, infraestructura y política social.

¿Hasta donde se podrán cumplir? Está por verse, pero invito a los críticos que se mantengan y evalúen los hechos. Esta es la democracia de acción a la que debemos transitar, pero no atentemos contra nosotros mismos.

Les guste o no, Andrés Manuel López Obrador, es hoy el político más influyente de México, en los últimos 50 años y el más connotado en lo que va del Siglo XXI. Aquellos que apuestan al individualismo y que dicen entender los temas del liderazgo, deberán reconocer que hoy México tiene en puerta el Presidente con mayor liderazgo, legitimidad, faltará probar su eficacia para conducir los destinos de nuestro país.

Faustino Torres
Profesor Investigador, analista de temas económicos y especialista en desarrollo regional

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