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La violencia del amor

24/May/2018 | Por: Mtro. Roberto Valencia | robertovalenciaaguirre@gmail.com


El 14 de octubre será canonizado en Roma, Monseñor Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, quien fue asesinado mientras celebraba la misa el 24 de marzo de 1980. Primer arzobispo mártir del continente, fue aclamado por el pueblo como San Romero de América. La canonización será junto a la de otro grande, el papa Paulo VI.

Sin duda, la vida San Romero de América está cruzada por la conversión. Suele ser controvertido el martirio de un ser humano. Pero el de San Romero, tenía proporciones descomunales. Centroamérica era un polvorín, en plena efervescencia de las guerrillas y la teología latinoamericana (denominada inadecuadamente de la Liberación). Las comunidades de base encontraban en su fe, un motivo para afianzarse a la vida. Las matanzas acontecían en un complicado episodio de la vida de la República del Salvador. Las comunidades cristianas emergían con cantos, liturgias populares, expresiones de fe con una vitalidad impresionante, mientras morían religiosos, religiosas y gente del pueblo. La muerte del jesuita Rutilio Grande, gran amigo de San Romero, cimbró la vida del arzobispo. Su conciencia no fue la misma desde entonces. El discurso de un pastor, se hizo el discurso de un profeta.

Francisco eleva a la dignidad de los altares la figura de un pastor. No de un político, ni un guerrillero. Tampoco la de un obispo timorato, como los hay preocupados por su imagen, sin comprometerse a fondo con el rebaño. Pone de frente en los altares, un hombre sencillo, no un “príncipe de la iglesia” ataviado de clericalismo, joyas y sofisticación. No es un teólogo rancio y encerrado en teologúmenos, ni un dogmático o moralista, mucho menos un liturgista anacrónico. El papa Francisco pone en los altares a un hombre que conocía a sus ovejas y las pastoreaba. San Romero tenía grandes amigos dentro del clero. No era solo la “cabeza” de una diócesis, un Jerarca, un gerente; sino ante todo un amigo. Es un modelo de pastoreo. El miró la violencia con amor, la corrupción con sabiduría, la tiranía con fe. Seguimos en América Latina inmersos en el espiral de violencia que mató a San Romero. Mucho podemos aprender de su pensamiento.

Su figura fue colocada en la fachada de la catedral anglicana de Westminster en el corazón de Londres. Allí son coronados los reyes de Inglaterra. Su avanzada teología ha colocado a diez personalidades cristianas del siglo XX. Los une el amor a la humanidad, la defensa de los derechos humanos y un profundo amor a Jesucristo. Junto a Monseñor Romero usted puede ver a Maximiliano Kolbe, Manche Masemola, Janani Luwum, Isabel Fiodoróvna Románova, Martin Luther King, Dietrich Bonhoeffer, Esther John, Lucian Tapiedi y Wan Zhiming.

Cuando sientas desesperanza y tristeza por la realidad cruel e inhumana del mundo. Recuerda a estos hombres y mujeres que no tuvieron miedo y transformaron con amor, la violencia de su entorno.

La canonización de Romero ha sido recibida con gran gozo, allí donde persiste la violencia; la teología ha dado pasos agigantados para un entendimiento más profundo sobre su misión. El mismo Francisco ha dado la pauta. Hay que entrarle a los temas complejos que literalmente están matando al pueblo de Dios: La desigualdad social, la corrupción, los derechos humanos, el narcotráfico, la violencia, los fraudes electorales, la implantación de Estados Policiacos, la migración, la guerra, el medio ambiente. Basta recordar las palabras que dirigió Francisco a los obispos en la catedral metropolitana de México, en febrero 2016: No se dejen corromper por el materialismo trivial, ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa… sino acercarse y abrazar la “periferia humana y existencial de los territorios desolados de nuestras ciudades”.

Puedes descargar en PDF el texto íntegro del itinerario espiritual de San Romero de América, titulado “La violencia del Amor” en el portal de Facebook (https://www.facebook.com/parroquiasanmarcosvhsa) con una exquisita introducción del cardenal Henri Nouwen. Aquí un fragmento:

Jamás hemos predicado violencia.

Solamente la violencia del amor,

La que dejó a Cristo clavado en una cruz,

La que se hace cada uno para vencer sus egoísmos

Y para que no haya desigualdades tan crueles entre nosotros.

Esa violencia no es la de la espada,

La del odio.

Es la violencia del amor,

La de la fraternidad,

La que quiere convertir las armas

En Hoces para el trabajo.

Los restos de San Romero descansan en la cripta de la Catedral de San Salvador, custodiado por cuatro ángeles de bronce que simbolizan los cuatro evangelios del artista italiano Paolo Borghi.

La violencia no terminó con la muerte de Romero. El 16 de noviembre de 1989 mataron a seis sacerdotes jesuitas con el tiro de gracia en la cabeza, todos ellos maestros de la Universidad Centro Americana. En México van 26 sacerdotes asesinados en el sexenio. La violencia del amor, es más urgente que nunca. Pensar y amar a Jesucristo siempre ha sido peligroso.

Una canción muy popular nos recuerda a ritmo de salsa su historia, cantada por el panameño Rubén Blades “El Padre Antonio y el Monaguillo Andrés”. Es un homenaje a “un cura bueno”. San Romero de América, ruega por nosotros.

Mtro. Roberto Valencia
Filósofo y Teólogo
www.parroquiadesanmarcos.com

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