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La educación según algunos grandes pensadores

16/May/2018 | Por: Sara Campos Chavolla | saracamposch@hotmail.com


Los dos filósofos más influyentes de la historia: Confucio y Aristóteles. Aunque uno provenía de la antigua China y el otro de la antigua Grecia, sus creencias sobre lo que constituía una buena educación eran sorprendentemente similares. Desde una perspectiva académica, ambos creían que cada generación tenía la obligación de trasmitir el acervo de sus conocimientos a la siguiente. Ambos eran igualmente categóricos en afirmar que también se debería enseñar la moral y cómo llevar una vida virtuosa a la juventud. Confucio (551 a 479 a.c.) hacía hincapié en ayudar a los jóvenes a cultivar el carácter, la pureza de corazón y la conducta correcta.

Aristóteles (384 a 322 a.c.) decía que el objetivo de la educación es hacer a los hombres tanto inteligentes como buenos. Los hacemos buenos, dijo, cuando los ayudamos a desarrollar la virtud moral.

Horace Mann (1796-1859), es a menudo llamado “El padre de la educación estadounidense”, pues contribuyó más a la creación de las escuelas públicas de Estados Unidos que cualquier otra persona. Mann coincidía con Confucio y Aristóteles en que los objetivos principales de la educación son incrementar el conocimiento y formar buenos ciudadanos. Dijo que era importante que los niños aprendieran a leer, escribir, ortografía, y que aprendieran matemáticas, ciencia, geografía e historia. También dijo, que era aún más importante formar el buen carácter.

Al igual que el Presidente Tomas Jefferson, Mann creía que la formación del buen carácter produciría ciudadanos responsables y virtuosos que harían que la Nueva República prosperara. Mann a menudo citaba la sabiduría de Salomón y le gustaba mucho decir:,” Instruye al niño en el camino correcto y no lo abandonará incluso en su vejez”.

Es irónico que el aspecto de la educación relacionado con la formación del carácter empezara a desaparecer a media década de 1960. Contribuyeron una serie de cambios sociales, muchos rodeados de agitación, que confluyeron: El movimiento a favor de los derechos civiles, las protestas en las universidades, el movimiento de liberación femenina, el declive de la influencia de la religión, el debilitamiento de la familia, el creciente materialismo acompañado de nuevas estrategias de publicidad ingeniosas, medios de comunicación cada vez más poderosos (y a menudo mezquinos), y el surgimiento del relativismo moral.

El desarrollo del carácter pasó a un segundo plano durante los años 65 a los 80s, un período en el que lo necesitábamos más que nunca. El aumento del egocentrismo y la decadencia de la urbanidad durante esos años fueron realmente alarmantes, el impacto fue muy importante en nuestros hijos. La buena noticia fue que la educación del carácter empezó a volver a principios de la década de los 90s. En julio de 1992, Michael Josephson del Instituto Ética Josephson invitó a más de 30 líderes docentes a una reunión en Aspen, Colorado. El resultado fue la Declaración de Aspen sobre la formación del carácter. Este principio resume el resultado: El carácter y la conducta de nuestros jóvenes refleja el carácter de la sociedad; por lo tanto, todos los adultos tenemos la responsabilidad de enseñar y dar un ejemplo de los valores éticos fundamentales y todas las instituciones sociales tienen la responsabilidad de fomentar el desarrollo del buen carácter. Michael Josephson se basa en los 6 Pilares del Carácter: fiabilidad, respeto, responsabilidad, justicia, afecto y ciudadanía.

VIRTUDES Y VALORES PARA ESTRUCTURAR EL CARÁCTER

Las virtudes se refieren a comportamientos honorables y buenos. Se propone enseñar a nuestros jóvenes las siguientes virtudes: autodisciplina, compasión, responsabilidad, amistad, trabajo, valor, perseverancia, honestidad, lealtad y fe.

Los valores se refieren a los principios que consideramos importantes. Hay ocho valores en los que todos estamos de acuerdo: amor, veracidad, justicia, libertad, unidad, tolerancia, responsabilidad y respeto por la vida. Nuestro país tiene una gran necesidad de educación moral, de formar al corazón y la mente para hacer el bien.

EDUCACIÓN E INSTRUCCIÓN.

Cuando hablamos del concepto instrucción, en el proceso de enseñanza-aprendizaje que se desarrolla en el aula, estamos hablando, de forma específica, de la transmisión de conocimientos por parte del profesor y de la adquisición de esos conocimientos por parte del alumno. Por medio de la instrucción, en clases, el maestro va formando y desarrollando habilidades, destrezas y hábitos en el alumno. Lo más importante es que el alumno razone sobre lo que se presenta en clase, eso le dará más aprecio por el estudio y por la instrucción, además de escuchar al profesor a su debido tiempo.

Cuando nos referimos al alcance del concepto educación estamos hablando de la forma en que podemos lograr éxitos en el desarrollo de los sentimientos cívicos y morales, convicciones, voluntad y el carácter del alumno, estamos hablando de que el profesor y los papás deben concentrar su atención en la formación del carácter y la personalidad del niño o adolescente.

El objetivo de la educación es el poder desarrollar todas las capacidades del ser humano teniendo en cuenta que cada uno es un ser individual y además, siendo capaces de percibir que somos dueños de nuestras ideas y de nuestras conductas, por lo tanto de nuestras vidas. Lo más importante es que el alumno razone sobre lo que se presenta en clase, eso le dará más aprecio por el estudio y por la instrucción, además de escuchar al educando a su debido tiempo.
Educar es el camino que nos hace libres, la instrucción en cambio, es el aprendizaje de aquellos conocimientos que nos son facilitados para cumplir determinada función. La educación de por sí es un proceso que evoluciona constantemente y que en muchas ocasiones, modifica la conducta del individuo a través de experiencias y conocimientos que se van adquiriendo de distintas maneras y medios. Podemos decir que la educación se ocupa de los sentimientos morales, convicciones cívicas, rasgos de la voluntad y carácter del alumno y su función consiste en impulsar y desarrollar la actuación social del ser humano.

Por el contrario, la instrucción centra su atención en las realizaciones del estudiante, es decir en lo que éste puede ir haciendo con sus conocimientos y capacidades, para interiorizar los contenidos de la lección o el capítulo que está trabajando con el maestro en las aulas. Cuando el niño lee, escribe, hace sus tareas, sigue instrucciones y las está llevando a cabo por mandato del maestro en forma individual o dentro del grupo escolar. Padres y maestros contribuimos a la formación integral de los educandos. Felicidades a los buenos maestros y nuestra gratitud!

Psic. SARA LETICIA CAMPOS CHAVOLLA
TORRE MÉDICA 110 Segundo piso Centro Villahermosa, Tab.
Tel 3141178 y Cel 9931920934

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