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México enfrenta una oportunidad histórica: decidirse por el reto del Desarrollo de la Región Sur-Sureste y frenar la brecha de la desigualdad

24/Abr/2018 | Por: Faustino Torres | ftorres_1@hotmail.com


México es un país con un paupérrimo crecimiento económico. En los últimos 30 años, el promedio de crecimiento ronda apenas el 2% promedio anual; en este mismo período hemos vivido sendas crisis económicas que convirtieron a nuestro país en una auténtica fábrica de pobres. Adicionalmente el desarrollo de sus regiones resulta profundamente desigual y la brecha entre ricos y pobres (distribución de la riqueza) se ha venido ensanchando en los últimos años.

Si la economía mexicana tiene una deuda histórica en relación a su desarrollo regional, sin duda es con la región Sur-Sureste de nuestro país. Es en el sur-sureste de México, donde se encuentra una gran cantidad de recursos naturales, litorales, abundante flora, fauna, recursos fluviales, energéticos y tierra fértil. En esta misma región tenemos una gran capacidad productiva adormilada por la ineficiencia o ausencia de políticas públicas, la falta de capital social, inversión y condiciones de mercado idóneas para el crecimiento, el desarrollo y la competitividad.

Contrario a esa abundancia de recursos regionales, reina la desigualdad, la pobreza, la ausencia de competencia, el nulo desarrollo tecnológico y una alta concentración de la riqueza. Es en el sur-sureste de México donde los índices de marginación, pobreza y obsolescencia son significativamente más altos que en el resto del país. Es aquí, donde se encuentra un alto porcentaje de los municipios mas pobres de todo México, aquí mismo es donde falta la inversión y los aeropuertos, puertos, carreteras, hospitales y escuelas se encuentran en las peores condiciones.

Hay evidencia de que la inversión extranjera directa (IED) “nos saltó”. Si bien, los beneficios de la IED históricamente se han sentido del norte al centro del país, la región Sur-Sureste de México ha observado los indicadores más bajos de inversión privada y un abandono casi total de la inversión pública. Es pertinente hacer notar que las regiones que han sido beneficiadas, por la apertura comercial y la atracción de inversiones, han sido el norte y el bajío en los últimos 30 años. Habremos de reconocer, que esta preferencia por los inversionistas, a ciertas regiones de nuestro país, no solo corresponde a las variables económicas, sino a una decisión política y más directamente a la cercanía con el poder; dicho de otra manera, hay evidencia contundente de que los presidentes en México tienden a beneficiar presupuestalmente y con un ejercicio más activo de atracción de inversiones a las entidades federativas y regiones de las que son originarios.

El ejemplo más reciente es el crecimiento y desarrollo económicos que ha ocurrido en el bajío en los últimos 20 años. Los gobiernos panistas, diseñaron una estrategia de atracción de inversiones, destinaron recursos públicos y motivaron la llegada de inversión privada a esa zona, ¿por qué? Pues, basta recordar que el ex Presidente Vicente Fox Quesada es originario y con intereses empresariales en Guanajuato y toda esa región.

El caso más reciente, aunque menos exitoso, es el del Estado de México, donde a pesar de las grandes inversiones públicas motivadas por las preferencias del Presidente Peña Nieto por su Estado natal, lograron motivar inversión sin precedentes en infraestructura pública, sin embargo, a pesar de ese esfuerzo, no mejoraron los indicadores socioeconómicos, por la elevadísima carga de corrupción e impunidad, que sitúan a esta entidad en los peores indicadores de violencia.

Así pues, la región sur-sureste de nuestro país sigue esperando por enésima vez su momento, su oportunidad y la posibilidad de atender un reclamo generalizado, por la equidad, el desarrollo regional y la disminución de las amplias brechas y realidades desiguales. No es un tema, menor, pues en los últimos años el motor que significaba un empuje a la economía de la región Sur-Sureste fue apagándose lenta y programáticamente; la crisis del precio del petróleo sumados al hasta ahora nulo impacto de la Reforme Energética en términos de inversión y el brutal recorte de personal y a los recursos financieros de PEMEX lograron una recesión económica que llegó a los dos dígitos negativos en entidades como Campeche y Tabasco que tienen una alta dependencia de la industria energética.

Hoy el reto es mayúsculo, pues adicional al atraso de la región, la violencia, inseguridad e impunidad, han venido a completar un escenario que atenta contra otros de los potenciales motores económicos: el turismo. No se trata de preferencias, de canonjías o tratos exclusivos; se trata de cuestiones más profundas como la justicia social, cultural e histórica, que reclaman que un México próspero, no podrá consolidarse jamás con una visión centralista. Nuestro país, debe de transformarse a partir de la promoción del crecimiento, el desarrollo, la competitividad y le equidad de sus regiones y en ese sentido todo apunta a que debe ser el sur-sureste una prioridad en la Agenda Nacional.

Faustino Torres
Profesor Investigador, analista de temas económicos y especialista en desarrollo regional

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