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‘NO QUEREMOS A MÉXICO’

Jesús Sibilla Oropesa

12/Sep/2017 | Por:

“NO QUEREMOS A MÉXICO”
 
 
Lo he pensado mucho, le he dado muchas vueltas al asunto, por el tema, incluso en ocasiones he tenido noches de insomnio, me he replanteado la cuestionante y creo después de muchas hipótesis, haber llegado a una conclusión.
 
México, nuestro país al que presumimos querer, por el que nos desgañitamos gritando porras, aquel por el que se nos han escurrido lagrimas, por quien decimos que si alguien lo mancilla le partimos el corazón, está como está, porque realmente no lo queremos.
 
Tenemos un sentimiento patriotero como los enamorados, es enamoramiento pues, no amor, así los enamorados creen amar y solo quieren al estilo de la canción que canta José José y se convierte lo suyo en deseo fugaz, placer momentáneo, así al primer trueno se espantan y las relaciones cuando algo no va, truenan pronto ya que no aman de verdad y no toleran el mínimo sufrimiento, cuando amar también es acompañar al amado en las buenas y en las malas, en el triunfo y en el fracaso, en la salud y la enfermedad, en los problemas y en los éxitos, es pues un sentimiento egoísta el amor que dicen sentir.
 
Lo mismo sucede con el llamado sentimiento patrio de quien no ama realmente a su país.
 
Si amáramos verdaderamente a esta increíble nación, seriamos menos egoístas y veríamos un poco más por nuestro suelo patrio.
 
Observaríamos las leyes no para que no nos llevaran a la cárcel, sino por convicción de ser un buen ciudadano del que se sienta orgulloso nuestro México, no tiraríamos basura en las calles del suelo amado, o si no, díganme, ¿quién ensucia lo que más ama? ¿quien ensucia la camisa que más quiere?, que americanista o chiva o de cualquier equipo ensuciaría o permitiría que le ensuciaran la playera del equipo de sus amores?
 
Conduciría mi auto con educación y civismo, practicaría el uno por uno, respetaría los cajones de estacionamiento de personas con discapacidad y erradicaría actos de gandayismo solo para que quien nos visitara dijera, que educados son al manejar los mexicanos, este es un lugar que vale la pena visitar por la educación vial de sus ciudadanos y además todos nos veríamos beneficiados de esta actitud civilizada.
 
Si amaramos de verdad a nuestro gran país, veríamos la manera dentro de nuestras posibilidades de que lucieran bonitas, arregladas y limpias nuestras casas, aunque no tengamos muchos recursos, la limpieza y el orden se pueden lograr aun en la pobreza y así nos admirarían por ordenados y por algún detallito que pusiéramos a nuestras construcciones.
 
 
Una cosa es ser alegre y bullanguero que lo somos, y otra escandalosos, groseros, majaderos, prepotentes, mal educados y gritones y quien viene de fuera aprecia la alegría espontánea del tabasqueño, no los gritos y escándalos, ni los sonidos en las tiendas a todo volumen que en lugar de atraer gente, las aleja, ya que ni se puede hablar a gusto de lo que se pretende comprar.
 
Estamos perdiendo los escrúpulos y todo lo cambiamos por dinero, es lo económico lo que más nos importa hoy y dejamos a un lado otros valores como la honestidad, la congruencia, la vergüenza, la sensatez, la cordura, la prudencia y nos desbocamos en actos de corrupción y “negocitos” deshonestos por dinero y eso es no querer a nuestra patria que reclama que sus hijos seamos hombres íntegros.
 
Gran pecado es que nosotros hagamos este tipo de infidelidades a nuestra patria, como que lo hagan los políticos que me queda claro que no aman ni un poquito a este país, que en sus discursos hasta lágrimas de cocodrilo derraman por el, pero que en la práctica, lo humillan, lo ofenden gravemente con actos de corrupción, y saqueo, se convierten en gánsters de cuello blanco, funcionarios con licencia para robar, demagogos sin escrúpulos, cuando andan en campaña política son muy desprendidos, pero al dejar esta, si te vi ni me acuerdo, la hipocresía les acompaña.
 
No señores, eso no es querer a México, eso es quererse a uno mismo, esos son actos de codicia y soberbia, egoísmo y prepotencia para abusar del poder.
 
Estos no se quieren ni a si mismos, y dan todo por el poder y el dinero, porque si se quisieran a ellos mismos, cuidarían su nombre, su prestigio, su conciencia, el prestigio de su familia, el ejemplo que dan a sus hijos.
 
Sin embargo dan pena, y más pena da la ranfla de sinvergüenzas lambiscones y zalameros que los adulan por una migaja de las que caen de sus mesas.
 
Cuando uno ama algo busca cuidarlo, que esté limpio, no lo ensucia y si lo hace, de inmediato lo limpia, no le miente, no le engaña, habla bien de el, busca que cada vez esté mejor, lo quiere presumir, lo lleva en el pecho, en la mente, en el corazón y lo respeta profundamente y por ello lo hace respetar no con conductas bravuconas, sino con actitudes pacíficas que no pasivas y que honran a la patria.
 
Díganme si amamos a nuestro país con este trato que le damos, díganme si lo amamos con estas actitudes negativas que adoptamos. Como el esposo que dice amar a su mujer y cada vez que se emborracha o le llegan los celos, la insulta y golpea. ¡cuánto amor!
 
Es penoso, pero nuestros actos no hablan de amor y muy al contrario, pareciera que lo odiamos al ser nosotros mismo quienes lo mancillamos sin apenas percatarnos de lo que hacemos ya que como todos lo hacen, gobernantes y gobernados, ya nos parece normal.
 
Porque si bien unos lo han saqueado, otros no lo hemos impedido y muchos se han hecho cómplices.
 
Es Septiembre el que hemos llamado el mes de la patria, vivámoslo intensamente, pero no solo con fiestas mexicanas que de mexicanas luego solo tienen los adornos y un ratito de mariachi y algún tequila por ahí, por que lo demás es lo de siempre.
 
Hagamos que viva México partiendo de una profunda reflexión en la que nos preguntemos y respondamos con total honestidad si soy realmente un buen mexicano, honesto, trabajador, responsable, íntegro, que cuida el suelo patrio, que lo mantiene limpio y ordenado, que no hace daño a otros  y además ayuda y sirve a quienes puede y lo necesitan.
 
Si lo somos, propongámonos ser mejores y contagiemos a otros con nuestro ejemplo; pero si el resultado de esta reflexión es que no hemos respondido como buenos mexicanos, hagamos el propósito desde hoy de ser mexicanos de excepción, orgullosos de nuestra nacionalidad, no solo por lo hecho por nuestros antepasados, sino mas bien por lo que cada uno está haciendo hoy por su patria, para que a partir de esta actitud si podamos decir a flor de labios pero también de corazón y actitud con el pecho lleno de orgullo:
 
¡QUE VIVA MÉXICO!

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