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¿Por qué?

Jesús Sibilla Oropesa

02/Ene/2017 | Por:




Todo inicio de año es alentador, nos motiva dejar el año viejo y todo lo malo que en el se dio y encontrar en el año que empieza todo lo que nos esperanza.
 
Sin embargo despedimos 2016 e iniciamos 2017 en medio de una verdadera olla de mondongo que se ha cocinado desde que nos constituimos como país y quizás antes, por los vicios que nos heredaron Gobierno tras gobierno incluso los novohispanos.
 
Protestas, gritos y sombrerazos. Plantones marchas y bloqueos. Memes muy críticas, con gran imaginación, groseras y hasta simpáticas,  convocatorias a marchar, a boicotear, a luchar por lo que es nuestro en redes sociales y en radio han despedido al año viejo y dado la bienvenida a este nuevo ciclo de tiempo.
 
Llegó el momento de echar culpas, de que los cómplices se recriminen y traten de zafarse de sus actitudes y votos emitidos. Partidos políticos contra otros, la guerra del “tú fuiste”, del “toma tu compromiso”, del “no rehúyas a las consecuencias de tus decisiones”, “reconoce el dinero que te dimos” es lo de hoy.
 
Pero detonar este  momento de crisis mayor ocupó mucho tiempo de preparación, de gobiernos que engañan, que seducen, que trabajan a un pueblo para hacerlo ignorante, con muy pobres valores, dependiente, pobre y pedinche.
 
Unos que engañan y otros que se dejan engañar, unos que dicen administrar amparados en el dicho de que: “quien parte y reparte se lleva la mejor parte”, buscan el gran sacrificio de administrar la riqueza de todos para al final de cuentas hacerla suya y de los suyos y al pueblo darle la felicidad–espejismo vestida de despensas, machetes, láminas  y comida para hoy y pobreza y hambre para después.
 
Es así como un pueblo bastamente rico, increíblemente bien dotado de tesoros naturales, cultural, histórico, culinario, incluso religioso, hoy es un mendigo andrajoso, jodido (señor Presidente), enojado, minusvalorado, desesperado, y que ha olvidado valores tan necesarios y coyunturales como la honestidad, el patriotismo que no la patriotería gritona y presumida, la lealtad, el civismo, la bondad, y el servicio entre otros.
 
Pueblo y gobierno al final de todo, nos parecemos tanto, aunque unos aborrezcan a los otros; y al final de cuentas para que nos demos cuenta de lo jodidos que estamos (con honrosas excepciones), aunque los de abajo odien a los de arriba, estos quisieran, quieren y buscan ser como ellos tener lo que ellos tienen, viajar y comer como los de arriba y en la primera oportunidad venden su alma al primer líder que les prometa el camino a la riqueza aunque este se encuentre pavimentado de corrupción, deshonestidad y deslealtad.
 
Ahora, nuestros políticos tienen que decidir ente subsidiar o cobrar lo que cuestan los servicios y productos básicos y de salud.
 
Y es que, quitar subsidios que se dieron para poder tener más o menos calmado y contento al pueblo y mientras tanto saquear al erario público, hoy tiene el precio más caro que se pueda pagar, que es cancelar hasta la esperanza de algún día vivir ya no con riquezas, sino en la simple medianía de la paz en el hogar.
 
Liberar gasolinas, aumenta el precio de casi todo a un pueblo que tiene en su mayoría casi nada.
 
Y si, si fueron Peña y los diputados que en ese momento levantaron la mano, pero también fueron muchos otros gobernantes que administraron alegre y disipadamente nuestros recursos, que hicieron grandes negocios  para ellos y sus socios partidistas, que vendieron nuestro futuro.
 
No dudo que hoy sea necesario dejar de subsidiar y de regalar, pero ¿como le harán aquellos a los que acostumbraron a esto que hasta dicen: “que roben pero que repartan”, “que roben pero que hagan obras”.
 
Los valores universales se han ausentado de nuestra sociedad, la propuesta de la intrascendencia ha venido a vivir con el pueblo mexicano, el ‘valemadrismo’ y ausencia de los mencionados valores aunado a un pueblo que se siente permanentemente engañado, utilizado y sin posibilidades de progreso ha empujado a muchos mexicanos a renunciar a lo positivo y ha alimentado la redes de corrupción que el mismo gobierno ha construido sexenio tras sexenio, por ello hay quienes afirman “tengo que dar el diezmo si no, no consigo obra”, o “me volví corrupto para que mi familia viviera bien”, o “no hay manera de arribar a un buena obra si no embarro la mano del repartidor de obras de gobierno”.
 
Otros mexicanos se han ido del lado de la delincuencia buscando el otro dinero fácil, han perdido sensibilidad humana y no se tientan el corazón para despojar lo mismo a uno que le sobra el dinero que a quienes apenas tienen para la subsistencia diaria, matan sin dolor de conciencia, secuestran o torturan sin pesar alguno, y así roban lo que más valoramos los seres humanos que es nuestra paz y tranquilidad.
 
¡Qué paradoja! ¡Qué disyuntiva! ¡Qué encrucijada!
 
Pienso que no se vale que después de tanta porquería gubernamental, (aunque los presidentes, gobernadores y los políticos en general no se despierten pensando como jodernos), ¡primero es el pueblo! Creen un verdadero plan de austeridad que no sacrifique al pueblo, encabecen el famoso “apretarse el cinturón”, combatan pero en serio a la corrupción empezando por los de arriba por el primer mandatario y su familia, hagan historia de verdad reparando el mal hecho pero no a costa del pueblo que ya no tiene para donde hacerse.
 
Y al pueblo hoy le digo; aunque pareciera que todo está hecho para sufrir el año que inicia; seamos optimistas, al fin que nos cuesta lo mismo que ser pesimistas que nos baja las pilas, nos amarga el carácter, nos convierte en personas irritables y belicosas. En cambio el optimismo nos anima, nos motiva y nos ayuda a tener un mejor sentido de vida.
 
Utilicemos la imaginación para salir adelante, inventemos maneras legales para ganarnos la vida, quien tiene un trabajo aprécielo, pónganse la camiseta y den el extra porque son agraciados de tener un empleo, no se den por vencido, inténtenlo una y otra vez, si fracasan pónganse de nueva cuenta de pié.
 
Tengan en cuenta que todo pasa y más adelante vendrán tiempos mejores. Mientras tanto, tenemos que enseñar a nuestros hijos y amigos, congruencia, honestidad, lealtad, caballerosidad, civismo, a ser serviciales, amables, bondadosos y a no darse por vencidos, para así formar la nueva generación de tabasqueños que venga a trabajar y Gobernar la patria chica para que ellos y nosotros nos sintamos muy orgullosos de Tabasco. La esperanza son nuestros hijos, las nuevas generaciones, por ello debemos trabajar sin descanso, sin pausa, con alegría, con entusiasmo, en su formación, hacer lo contrario cancelaría la posibilidad de salir de la eterna crisis, de creer más en el ser humano.
 
Nuestros hijos significan la luz al final del túnel, la posibilidad de un futuro mejor para todos, y no es menor empresa dedicarnos a ellos que en todo momento nos observan y aunque pensemos que no copian de nosotros, actitudes y comportamiento, así que ánimo en esta importantísima empresa que debe de ser apuntalada por buenos maestros que sean educadores y guía de ejemplo para los alumnos.
 
Que nos impulse esta esperanza en este inicio de 2017.
¡Feliz año! Y que a cada uno le vaya como se porte. 

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