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LVIII ANIVERSARIO DE TELEREPORTAJE

22/Sep/2016 | Por: Jesús Sibilla Oropesa



Ahora son 58 años los que se ajustan de transmisiones ininterrumpidas de Telereportaje.

58 son muchos años, es mi edad, toda una vida.

Tenía nueve meses de edad cuando mi padre JESÚS Sibilla Zurita inició las transmisiones del periódico del aire de tal manera que crecí escuchando, edición tras edición, y siempre me pareció lo más natural que alguien que quería algo en la vida hiciera sacrificios por conseguirlo.

Por ello aunque veía como le costaba trabajo y entre más edad tenía le costaba más trabajo a mi papá levantarse a las 4 am y luego integrarse a su ritual de fumarse su primer cigarro en ayunas, meterse al baño, tomarse luego su taza con chocolate caliente que le preparaba mi mamá que también se levantaba a esa hora para acompañarle en la mesa aunque luego se durmiera una hora más.

Al terminar su chocolate, se dirigía hacia la puerta de entrada y ante un sagrado corazón de Jesús (aunque el no era muy religioso) se santiguaba y hacía una oración para luego salir, calentar su carro y abrir el portón después de asomarse y checar que no había nadie sospechoso en la calle a esas horas.

Salía directo hacia la estación de radio con su segundo cigarro en la boca, al llegar a la estación, recogía la correspondencia que casi se salía del buzón que estaba repleto y procedía primero a leerla y corregirla, sintetizarla y redactarla para luego clasificarla y dejarla lista para atenderla.

La correspondencia era un momento sagrado, de lo más importante ya que el decía que era el corazón de su programa, lo hacía personalmente, nunca lo delegaba, excepto en las pocas ocasiones que salió de vacaciones.

Avisos, reportes, llamados, cartas de denuncia y de opinión recibían un tratamiento especial de su parte, me decía: “El servicio social, es la parte medular, es lo que da sentido a este trabajo”.

Al terminar con la correspondencia proseguía con la información que en ocasiones la dejaba por la noche y a veces le llevaba en la madrugada González Vargas.

La leía con atención, la acomodaba por orden de importancia según su criterio y le metía mano a la corrección de estilo y dejaba todo listo para iniciar lo que hoy es Buenos Días Telereportaje y que inició siendo el programa de Cabal, eran dos bloques de quince minutos cada uno que luego creció a una hora.

Minutos antes de las seis de la mañana llegaba primero el Lic Torpey su locutor comercial y querido amigo y cuando este decidió irse para hacer su propia carrera en radio, empecé a llegar yo que ya tenía algunos años haciendo pareja con el lic. Torpey en Alma Ranchera, Noticias en Flash y otros programas de radio.

Mientras se transmitía el programa, seguía llegando correspondencia a la recepción que Clarita recibía o tomaba por teléfono y que Chucho Sibilla corregía y leía.

Y entonces quedaba todo listo para Telereportaje primero con duración de una hora, luego hora y media. Cuando nos cambiamos de la VA, que fue nuestra casa durante 15 años, a la VT, aumentamos hasta las 9 de la mañana el tiempo de duración del programa y luego hasta las 10 horas.

En la VA el concesionario Fernando Pazos de la Torre siempre fue solidario y amigo; y don Vicente Gómez Bretón el gerente siempre nos dio todas las facilidades.

En el tiempo que Chucho Sibilla Zurita transmitió su programa siempre mostró gran profesionalismo, extremada concentración un gran cuidado en el tratamiento de la información que se transmitía, mucho respeto a las personas incluso a las que criticaba, el confiaba mucho en quien decía era su reportero estrella, esto es, la gente que le hablaba a toda hora que sabía o veía algo que creía era importante debería saber el fundador de TR para que pasara al aire.

A pesar del sacrificio de levantarse tan temprano, y no tener prácticamente vida nocturna pues trabajaba los 365 días del año y casi no salir de vacaciones ni haber nunca llevado a sus hijos a la escuela o haberlos ido a buscar o asistir a sus festivales por las exigencias del trabajo, disfrutaba intensamente cada edición de su programa consentido, lo sentía como uno de sus hijos, según yo, el consentido hasta que llegó Emmanuel y este entonces se convirtió en su alegría en su orgullo; sus ojos brillaban cuando lo veía venir y su boca se iba de lado en una mueca que denotaba una sonrisa contenida y que revelaba entre complicidad, satisfacción, alegría y picardía al celebrar lo que decía y hacía mi hermano, que por cierto desde pequeño tuvo la vena de la comunicación.

Chucho Sibilla tenía amistad con los más encumbrados políticos de su época, pero siempre guardó prudente distancia de tal manera que pudiera estar suficientemente cerca de la noticia fresca pero lo suficientemente distante para no caer en favores que pudieran confundirse o lo pudieran tentar.

Con cada uno de los gobernadores tuvo momentos difíciles y tensos y luego encuentros conciliadores. Decía, por el bien de la información que se le entrega a la gente.

Fue enemigo de la dádiva, de la venta del criterio, y la línea editorial, amaba su programa y su trabajo y por ello lo respetaba y lo daba a respetar porque el mismo se respetaba, no permitía ni siquiera insinuaciones económicas de la gente en el poder.

En una ocasión un ex gobernador le habló por teléfono y le dijo: con motivo de la Navidad te voy a enviar un regalo a tu casa pero no me vayas a hacer la grosería de regresármelo y mi papá le dijo primero, no tienes que regalarme nada, sin embargo el político insistió y Chucho Sibilla aceptó.

El regalo resultó ser la mejor y más grande televisión de aquella época, la recibió y se encerró en su cuarto a pensar lo que iba a hacer, al poco tiempo salió de su recámara, y se dirigió directamente a comprar una televisión idéntica a la que le había regalado y se la envió a quien le había dado el regalo.

Al llegar a casa le habló el ex gobernador reclamándole que se la hubiera regresado a lo que Sibilla Zurita le respondió; no es así , la TV que me enviaste está en mi casa, esa es una TV que yo te quiero regalar a ti. Estoy cumpliendo con mi palabra acepto tu regalo, pero tu acepta el mío.

Mi padre era muy nervioso, muy cuidadoso, muy delicado en su proceder relacionado programa-poder.

Hoy he querido compartir estos datos acerca de Telereportaje y su fundador porque creo esto enriquece el contexto y conocimiento acerca del Periódico del aire y su fundador.

Hoy 58 años, los 30 primeros bajo la dirección de Jesús Sibilla Zurita y los otros 28 primero con mi hermano Sergio y ahora con mi hermano Emmanuel y todo este magnifico equipo y todos los que han pasado por el programa.

Entre todos ustedes que escuchan y escriben o hablan y hacen la noticia y nosotros que capitalizamos todo esto, hemos construido Telereportaje y a todos agradezco lo que en su momento han aportado al engrandecimiento y permanencia del programa.

Otros momentos, otros tiempos, otros protagonistas, pero a lo largo de 58 años siempre Telereportaje.

Y claro; SEGUIMOS ADELANTE…….

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