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¿JUSTICIA?

11/Ago/2016 | Por: Jesús Sibilla Oropesa


Que peligroso y grave es lo que está sucediendo en nuestro país y en particular en Tabasco.
 
En el contexto de una población que se ha olvidado de inculcar valores a las nuevas generaciones hemos forjado una sociedad que tortura, secuestra, roba, asalta, transa, extorsiona y mata despojada de remordimientos.
 
Delinquen desde el poder, fuera de él y a veces en complicidad con el mismo poder.
 
Empiezan con el ejemplo en casa de cómo los papás presumen cómo se transaron a tal persona, o que hábiles son para engañar o embaucar y obtener de ello una ganancia, la picardía para hacer el gane es presumido y celebrado como acto de gran inteligencia y viveza.
 
Muchos se convierten en políticos con doble discurso, que aparentan estar muy preocupados por la sociedad y servirla, pero realmente se sirven de esta, abusan del poder, hacen negocios al amparo de éste, roban y desvían recursos a su beneficio, compran conciencias y luego no son eficientes, hacen intentos bajo presión pero no son eficaces y no avanzamos.
 
El beneficio social no llega bien a la mayoría, la delincuencia está desatada, la autoridad hace un esfuerzo que no es suficiente, el pueblo es víctima de los malos que les quitan lo poco que tienen y los ricos también lloran ante el secuestro la extorsión y el robo.
 
El hartazgo campea en todos los estratos sociales, hay quienes se atreven a pedir la pena de muerte y quienes ante la incapacidad de quien los debe cuidar, toma la justicia por su mano sin estar capacitados para ello cometiendo una gran injusticia al confundir a inocentes en los que descargan toda su furia, odio, rencor y deseo de venganza.
 
Hacen sufrir, disfrutan con este sufrimiento, como lo saborean los que se vengan, insultan y golpean, se sienten jueces y verdugos y actúan en consecuencia.
 
Les gana el morbo y al espectáculo, asisten niños adolescentes y adultos convirtiendo la cruenta función en parte de la formación de los menores a los que de esta manera les van extirpando la capacidad de sorprenderse, sentir compasión o practicar la empatía luego los sorprendidos son los propios padres de familia que se encuentran sin saber que hacer con hijos sin corazón, violentos, golpeadores y vengativos que aturdidos por el alcohol, las drogas o la búsqueda del placer fácil no respetan ni a la familia.
 
Pero todo es un círculo esclavizante de actitudes que nos lleva a seguir una y otra vez sembrando sentimientos que nos van convirtiendo en zombis sedientos de dinero, cosas, placer insano y violencia sin escrúpulos.
 
Y terminamos envueltos en nuestra propia telaraña de sentimientos convertidos en actitudes negativas que hacen que luego los papás no sepan que hacer con los hijos que se emborrachan desde pequeños, se drogan, roban y se convierten en energúmenos incontrolables.
Solo pregunto que ejemplos vieron esos hijos, hoy jóvenes delincuentes enfermos por la droga y el licor, sin escrúpulos y sin respeto a sus padres, ni temor a las leyes ni a la autoridad que por su parte no hace lo suficiente ni atiende la prevención, ni la seguridad, ni la aplicación de la justicia.
Todo este contexto provoca los hartazgos de los diferentes estratos sociales que reclaman, presionan, marchan, bloquean, se manifiestan y en casos extremos detienen, enjuician fast track y linchan al sospechoso; ante la posibilidad de buscar justicia cometan una injusticia mayor.
 
Sin embargo no nos aplicamos como padres de familia y la formación y el ejemplo que damos a nuestros hijos sigue siendo de valemadrismo y pachanguismo sin limites, desestimar al trabajo y faltar al respeto a los demás, formamos al final a potenciales linchados.
 
Cuando pedimos justicia estamos reclamando que se resuelvan las cosas a nuestro favor solo porque nos late o creemos que tenemos la razón y la aplicación de la justicia tienen que ver con las leyes que han sido mal aplicadas, por ello hoy se duda de los aplicadores de estas.
 
Estamos atrapados, y no caminamos hacia buen puerto, estamos en un corral y cuando queremos salir aplastamos a otros, estamos hacinados en un chiquero de malas costumbres y conceptos erróneos que hacemos vida provocando más lodo en la sociedad, nos reproducimos y cada generación viene con chips de destrucción y baja autoestima, minusvalorados y confundidos.
 
Creemos ser libres y ahora es cuando somos más esclavos con grilletes invisibles de malas costumbres, vicios, placeres insanos, ambición desmedida, pocos escrúpulos para conseguir lo que queremos, poca fe en la familia y con la idea de un dios a modo al que se encomiendan incluso para robar o cometer cualquier ilícito.
 
¿La solución?
Esta parte de darnos cuenta y reconocer nuestros errores, devolver la educación cívica en las escuelas, de practicar y enseñar valores, buenas costumbres y amor a Dios y proteger y promover a la familia que enseña el buen vivir.
 
Las autoridades tienen que hacer lo suyo ¡pero ya!, y la sociedad, el pueblo pues, no se puede quedar solo reclamando y aplicando su injusta justicia.
 
Construyamos pues entre todos un mejor Tabasco del que todos nos sintamos orgullosos y este sea un buen lugar para vivir, invertir, trabajar y disfrutar.
 
Pero démonos cuenta que la responsabilidad es de todos. Actuemos en consecuencia.

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